No todos los pavimentos industriales necesitan un recubrimiento epoxídico, pero cuando la exigencia higiénico-sanitaria es alta, la impermeabilización deficiente empieza a generar problemas reales o el suelo ya muestra signos de deterioro, aplicar resinas epoxídicas alimentarias certificadas suele ser la solución más duradera frente a alternativas más económicas a corto plazo.
Las señales más claras de que ha llegado el momento son: microfisuras o porosidad visible en el pavimento existente, dificultad para eliminar residuos de producto en las juntas, presencia de humedad ascendente en zonas próximas a desagües, o simplemente la necesidad de cumplir un requisito explícito de un cliente o de una auditoría IFS/BRC sobre superficies lisas y no porosas.
El resultado final depende tanto del producto como de la preparación previa de la superficie. Antes de aplicar la resina es habitual realizar un decapado y tratamiento de superficies para alargar la vida útil de sus activos, eliminando restos de recubrimientos antiguos y corrigiendo pequeñas irregularidades que, de no tratarse, acaban reflejándose en la nueva capa. Una preparación incompleta es la causa más habitual de que un recubrimiento epoxídico falle antes de lo esperado.
¿Tiene esta situación en su planta?
Cuéntenos su caso y un técnico le responderá con una valoración inicial, sin compromiso.
Una vez aplicada, la resina facilita además otras intervenciones de mantenimiento: superficies lisas y no porosas responden mejor a la desinfección con vapor saturado a 180°C, sin residuos químicos, y reducen los puntos donde puede acumularse condensación o suciedad, un factor que también revisamos al hablar de control higiénico de techos y condensación en la industria alimentaria. En conjunto, son intervenciones que conviene planificar juntas, no de forma aislada, especialmente si la planta se está preparando para una auditoría de calidad.
La durabilidad real de estos recubrimientos depende también del uso posterior: tránsito de carretillas, contacto con productos químicos de limpieza o cambios bruscos de temperatura pueden acortar su vida útil si no se elige el tipo de resina adecuado desde el principio. Por eso conviene definir de antemano el uso previsto de cada zona antes de decidir el sistema de aplicación.

