La Directiva ATEX 2014/34/UE regula la fabricación de equipos y el funcionamiento de instalaciones en entornos donde puede formarse una atmósfera explosiva. Para cualquier empresa que trabaje con polvos combustibles, gases o vapores inflamables, entender y cumplir esta normativa no es opcional: es una obligación legal y, sobre todo, una cuestión de seguridad para las personas y la continuidad del negocio.
¿Qué es una atmósfera explosiva?
Se considera atmósfera explosiva a la mezcla de aire con sustancias inflamables (polvo, gas, vapor o niebla) en condiciones atmosféricas, en la que, tras una ignición, la combustión se propaga a la totalidad de la mezcla. Basta una fuente de ignición —una chispa, una superficie caliente o electricidad estática— para desencadenar una explosión con consecuencias graves.
Clasificación de zonas ATEX
La normativa distingue zonas según la probabilidad y duración de presencia de la atmósfera explosiva. Para gases y vapores se emplean las zonas 0, 1 y 2; para polvos combustibles, las zonas 20, 21 y 22:
- Zona 0 / 20: presencia continua o durante largos periodos de la atmósfera explosiva.
- Zona 1 / 21: probabilidad de que aparezca ocasionalmente en condiciones normales de funcionamiento.
- Zona 2 / 22: baja probabilidad, y solo durante periodos cortos si llegara a producirse.
Obligaciones legales para las empresas
Toda instalación con riesgo ATEX debe contar con una clasificación de zonas actualizada, equipos certificados acordes a cada zona, un plan de mantenimiento preventivo y personal formado en los riesgos específicos de su puesto. La inspección periódica y la trazabilidad documental son igual de importantes que la propia intervención técnica.
¿Tiene esta situación en su planta?
Cuéntenos su caso y un técnico le responderá con una valoración inicial, sin compromiso.
El Documento de Protección Contra Explosiones (DPCE)
El DPCE es el documento central de cumplimiento ATEX. Recoge la identificación y evaluación de los riesgos de explosión, la clasificación de zonas, las medidas técnicas y organizativas adoptadas y la coordinación con empresas externas que operen en la instalación. No es un trámite: es la hoja de ruta que demuestra, ante una inspección o un incidente, que su empresa ha actuado con la diligencia debida.
En JAGLA NORT elaboramos la clasificación de zonas, el DPCE y el plan de adecuación normativa de principio a fin, integrando además la limpieza técnica necesaria para mantener sus instalaciones dentro de los márgenes de seguridad exigidos.
Cumplir la directiva sobre el papel no es suficiente si el equipo técnico que opera la instalación no entiende por qué existen estos requisitos: por eso es tan importante invertir en formación en riesgos ATEX para técnicos. Dos aplicaciones prácticas habituales son la gestión del riesgo del polvo combustible en la industria y el diseño de sistemas de aspiración conforme a la norma EN 17348:2022.
La adecuación normativa no siempre implica solo equipos eléctricos: procesos como el decapado y tratamiento de superficies también deben tener en cuenta el riesgo de chispas por fricción en zonas clasificadas. Lo mismo ocurre con el control higiénico de techos y condensación en la industria alimentaria, un punto que además se revisa al preparar su planta para una auditoría IFS o BRC.

